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2006-11-14

¿Hay alguien ahí afuera?

Carlos A. Montaner en el 54 Congreso de la Internacional Liberal (Foto:Alexis Gainza Solenzal - Director Misceláneas de Cuba)
NC.-Por su importancia y relevancia para la lucha de los demócratas cubanos - reprimidos por un despótico régimen- y sobre todo, porque describe la triste indiferencia e indolencia que demuestran una buena parte de gobiernos democráticos hacia el pueblo cubano, reproducimos íntegramente el texto del discurso del vicepresidente de la Internacional Liberal y presidente de la Unión Liberal Cubana, Carlos Alberto Montaner, en el 54 Congreso de la Internacional Liberal de la que es vicepresidente.


¿Hay alguien ahí afuera?

La Internacional Liberal, organización a la que estoy vinculado desde 1990, me ha pedido que reflexione sobre cómo conseguir que en el plano internacional se tome en cuenta la voz de las sociedades silenciadas por gobiernos dictatoriales. Me parece un asunto extremadamente importante.

Permítanme una breve referencia personal para poder establecer mi experiencia en estos temas. Salí de Cuba en 1961 protegido por una embajada latinoamericana en la que había conseguido asilarme tras escapar de la cárcel. Tenía entonces 18 años y, junto a un grupo de estudiantes, intentábamos evitar el establecimiento de una dictadura comunista que ya era evidente que comenzaba a arraigar en el país. En la cárcel quedaron cientos de mis compañeros y amigos. Algunos cumplieron muchos años de presidio y luego marcharon al exilio. Otros fueron asesinados.

A partir del momento en que me encontré fuera de Cuba, septiembre de 1961, me juré a mí mismo que dedicaría una buena parte de mi vida a denunciar las atrocidades que ocurrían en mi país para tratar de devolverles la libertad y la democracia a los cubanos. Comprometido con esa tarea, he escrito miles de artículos en la prensa de muchas naciones, he publicado varios libros sobre la situación de Cuba, he participado en cientos de programas de radio y televisión, y hasta he escrito un par de guiones de películas en las que se muestra la verdadera cara de la dictadura cubana. Simultáneamente, he acudido a decenas de seminarios como éste y a una treintena de parlamentos y casas de gobierno de diversos países en busca de solidaridad y ayuda. Algo, pues, he aprendido en estos 45 años de lucha constante, y no todo lo que he conseguido descubrir es esperanzador o estimulante.


Tres lecciones amargas

He aprendido, por ejemplo, que los enemigos de la libertad, especialmente los comunistas mientras existía la URSS, defendían sus puntos de vista y atacaban los de sus adversarios con mucha más eficacia y dedicación que nosotros. Diseñaron, y a lo largo del tiempo fueron perfeccionando, toda una estrategia de solidaridad internacional con su causa, también dedicada a la propagación de sus criterios y doctrinas. Crearon “Institutos de Amistad con los pueblos”, “Organizaciones por la Paz”, editoriales e instituciones académicas que servían como enlace y cajas de resonancia a los diferentes grupos comunistas del mundo. Reclutaban amigos y agentes de influencia en los medios de comunicación, unas veces por dinero y otras por simpatías genuinas, a veces por ambas razones, que difundían (u ocultaban) simultáneamente las informaciones convenientes al grupo y a su ideología. Los comunistas, pues, tenían a su servicio una enorme máquina de propaganda y solidaridad que encumbraba (o denostaba) escritores y artistas, ensalzaba (o destruía) políticos y personas públicas.

Los demócratas, en cambio, no contábamos con nada parecido para defender las libertades. No existía un centro con vocación internacional dedicado a propagar las ideas de la libertad, y mucho menos las de la economía de mercado. Ninguna capital del mundo libre dedicaba grandes esfuerzos a la lucha por defender a las víctimas del totalitarismo de izquierda o de las dictaduras de derecha. No existe la menor coordinación internacional para estos esfuerzos. Algunas fundaciones alemanas, como la Naumann, por ejemplo, apoyan ciertas iniciativas, pero tienen muy pocos fondos y padecen numerosas limitaciones legales para actuar. Washington, es cierto, durante la época de la Guerra Fría asignó algunos recursos a estaciones como Radio free Europe o Radio Liberty, y hoy todavía lo hace con Radio y TV Martí, pero siempre en medio de una gran polémica nacional e internacional provocada por personas que rechazaban esa colaboración con las víctimas del totalitarismo, entre otras razones, porque Estados Unidos no establece una verdadera relación política franca y abierta con los demócratas de otras latitudes, sino suele hacerlo por medio de sus servicios de inteligencia, lo que inevitablemente le otorga un cariz negativo y vergonzoso a esos vínculos. Afortunadamente, en los últimos años, con las actividades del Nacional Democratic Institute (NDI) y del International Republican Institute (IRI), ambas instituciones financiadas en gran medida por el National Endowment for Democracy (NED), esas limitaciones se han aliviado.

En América Latina la situación era aún peor. El continente vivía convencido de las virtudes de la doctrina de la “no injerencia en los asuntos internos de otras naciones”, y a nadie parecía importarle las larguísimas y sanguinarias dictaduras de Juan Vicente Gómez (Venezuela), Rafael L. Trujillo (República Dominicana), Anastasio Somoza (Nicaragua), Alfredo Stroessner (Paraguay) o Augusto Pinochet (Chile), por sólo citar cinco de veinte tiranos que ha padecido a lo largo del siglo XX este conflictivo fragmento de Occidente parido por Europa. En fecha tan reciente como la semana pasada, se reunieron en Montevideo, Uruguay, los gobernantes de Iberoamérica, incluidos Portugal y España, y entre ellos estaba el cubano Carlos Lage, representante de la dictadura más larga de la historia de Occidente -cuarenta y ocho años consecutivos del mismo gobierno tiránico- y nadie pareció escandalizarse, ni nadie mostró la menor preocupación por los cientos de presos políticos que yacen en las cárceles. Ni siquiera se atrevieron a mencionar el hecho, reclamado por los demócratas cubanos dentro y fuera de la Isla, de que hace diez años, en una cumbre similar celebrada en Viña del Mar, Chile, el gobierno cubano, con la firma de Fidel Castro, se comprometió a aceptar el pluralismo político y las formas democráticas.


Las consecuencias

La conclusión a que nos lleva este melancólico cuadro de indiferencia, temores e indolencia es inocultable: para los demócratas víctimas de diferentes tiranías es muy difícil hacer oír nuestras voces, y más aún lograr que nuestras denuncias se conviertan en cursos de acción. Sin embargo, hay algunas actividades que pueden brindar sus frutos.

° Es importante forjar nexos políticos con los grupos afines. Mi experiencia con la Internacional Liberal ha sido muy positiva y sé que los democristianos cubanos también han recibido grandes muestras de solidaridad de sus correligionarios de diversos países, así como de la Internacional a la que pertenecen. Los liberales nos han apoyado cada vez que lo hemos solicitado. Le han concedido el Premio Libertad en 1992 a una notable escritora cubana entonces presa, María Elena Cruz Varela, y nos han facilitado en múltiples ocasiones el uso de la tribuna de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra, algo por lo que estamos profundamente agradecidos. Asimismo, han reconocido a otros grupos liberales dentro de Cuba, dándoles un importante respaldo político y moral. Por otra parte, gracias a esos nexos, el grupo liberal en el Parlamento Europeo, junto a los democristianos y conservadores, ha apoyado y obtenido el Premio Sajarov para Oswaldo Payá -un valioso disidente democristiano- y para las Damas de Blanco, un heroico grupo de esposas, madres, hijas y hermanas de presos políticos cubanos que suelen protestar en las calles de La Habana por la situación de sus familiares. Estos premios significan mucho para las víctimas y en alguna medida son útiles para protegerlas.

° Es vital alimentar con informaciones fidedignas sobre violaciones de derechos humanos a organizaciones prestigiosas de ámbito internacional como Amnistía Internacional y Human Rigths Watch. Una denuncia hecha directamente por las víctimas difícilmente se abre paso ante la opinión pública mundial. Cuando se hace por medio de estas organizaciones se obtienen resultados mucho más impactantes.

° La existencia de una creciente tendencia a internacionalizar la justicia les brinda ciertas posibilidades de lucha a las víctimas de las dictaduras. Es conveniente explorar esa vía con abogados locales que estén dispuestos a respaldar a los demócratas cuyos derechos han sido conculcados.


° Por último, es conveniente advertir que el propósito de esta batalla internacional por conquistar a la opinión pública tiene dos objetivos básicos: lograr que los gobiernos pongan presión sobre las dictaduras para provocar cambios en dirección de la democracia, y para aliviar la presión sobre las víctimas. El único consuelo que le queda a una persona injustamente encerrada en un calabozo es saber que su sacrificio no es en vano. Que afuera hay alguien que escucha. Que hay una mano amiga extendida en el horizonte.


Oiga la entrevista a Carlos A. Montaner hecha por Radio Martí
(detenga antes TV Martí si está en play)

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